Las grasas en tu dieta

La historia nos cuenta cómo hemos evolucionado en cuanto a la nutrición, o mejor dicho, la educación de la alimentación. Y es que parece ser que al sistema capitalista no le interesa que sepamos comer aunque sea un acto que realizamos varias veces durante el día durante toda nuestra vida…

La cruda realidad

Aunque el desarrollo económico ofrece innumerables ventajas, poco a poco estamos descubriendo que también conlleva algunos inconvenientes asociados. Y el sobrepeso es uno de ellos. Parece una especie de efecto secundario de la riqueza que se repite en todo el planeta y que hasta el momento hemos sido incapaces de neutralizar. Como podemos ver en la imagen siguiente, su avance es imparable y está llegando a niveles realmente preocupantes, disparando gastos sanitarios y empeorando la calidad de vida de todo el que padece la enfermedad.

Durante muchísimos años, las empresas alimentarias se han hecho cargo de difundir, a través de todos los medios, campañas en contra de las grasas, ya que se las asociaba con enfermedades de corazón y colesterol. Su alcance ha sido tal, que pensamos que para adelgazar lo que debemos hacer es reducir las grasas, creyendo que la grasa que ingerimos se va directamente a nuestra reserva de grasa corporal. Pues nada más lejos de la verdad.

El efecto de esta política de reducción de grasas ha sido lanzar al mercado infinidad de productos “light”, “bajos en grasa” o “0% ” que nos impulsan a comprarlos si queremos cuidar nuestra línea. Pero si leemos detenidamente, no será una grata sorpresa ver que esa reducción de grasas ha sido contrarrestada por un aumento de azúcares, saborizantes, carbohidratos refinados, etc.

Tal y como explicamos en el anterior artículo, el azúcar se ha instalado en los pasillos de nuestros supermercados reclamando al consumidor con todos los recursos que el marketing conoce, siendo éste, junto con las harinas refinadas el principal factor de contribución a la obesidad a través de la alimentación.

Una vez dicho esto, vamos a arrojar un poco de luz sobre las grasas:

Tipos de grasas

El efecto de las grasas en el organismo es muy diverso en función de su procedencia, para ello debemos saber diferenciarlas, y para hacerlo fácil las veremos como “malas” y “buenas”.

  • Las malas son las que perjudican tu salud, son la mayoría de las saturadas (embutidos, mantequilla, quesos grasos…), pero sobretodo las trans y las hidrogenadas (bollería industrial y alimentos procesados).
  • Las grasas buenas regulan tu colesterol y cuidan tu corazón (aceite de oliva, aguacate, pescados grasos, nueces, almendras…).

 

Calorías

Por gramo, las grasas tienen más del doble de calorías que las proteínas y los carbohidratos, por este motivo debemos ser cautelosos con alimentos ricos en grasas como el queso, los fritos, olivas o frutos secos. Es esencial que las grasas de nuestra dieta sean “buenas” y seamos conscientes de que debemos ingerirlas en suficiente cantidad para tener una salud de hierro.

 

El efecto de las grasas en nuestro organismo

Afortunadamente, las grasas buenas ayudan a multitud de procesos en nuestro cuerpo, entre ellos a disminuir el riesgo de padecer una enfermedad de corazón y a contrarrestar el efecto de la insulina después de una comida rica en hidratos de carbono.

La grasa corporal

El cuerpo almacena grasa subcutánea (debajo de la piel) con la finalidad de tener reservas de energía. Comer más de lo que necesitamos o movernos poco hará que aumenten estas reservas. La grasa visceral (entre las vísceras) es la que almacenamos si tenemos malos hábitos de salud (mala alimentación y escaso ejercicio), y tiene una relación directa con las enfermedades del corazón.

 

¿Sigues pensando que las grasas son “malas” en tu dieta?

 

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